Copiar y pegar
El marido de la peluquera
(A todos los cargos políticos dedicados a la construcción)
A LOS NIÑOS SE LES SUELE PREGUNTAR QUÉ QUIEREN SER
DE MAYORES Y SUS RESPUESTAS SUELEN SER VARIADAS
AUNQUE HASTA CIERTO LÍMITE, POR LO QUE TERMINAN
SIENDO REPETITIVAS.
Y el niño soñador de la película, después de vislumbrar un seno
a través de la bata entreabierta de la peluquera de su infancia,
llega al enamoramiento a través del fetichismo, que alcanza así
su máxima plenitud. Aspiraba obsesivamente a conseguir algo
diferente a todos los demás: casarse con una peluquera.
¿Qué sucede entonces, cuando el sueño y la ilusión se cumplen?
Probablemente, en nuestra sociedad actual, se desbordaría
la infelicidad, pues nuestros afanes se cifran en bienes
materiales. ¿Quién valora poder admirar una encina, respirar
aire puro o contemplar el fluir de un arroyo, aunque sea en vacaciones?
Qué fácil resulta apreciar la novedad de un aparcamiento,
un centro comercial o una autovía, hasta que se incorporan
a nuestra vida.
Pero, ¡ay! en este caso el protagonista alcanza una vida sencilla,
afín a sus pocos principios, colmada de sentimiento y pasión.
Sólo se dedica a ella, a su peluquera, no trabaja, se sienta
para admirarla y hacerle el amor frente a los clientes, con la
puerta de la peluquería
abierta. Viven su amor entre
cuatro paredes, sólo
con sus colonias, sillones y
espejos alrededor, infinitamente
felices: no les hace
falta nada más. Un amor
puro, sin contemplaciones.
Pero claro, se trata de
una simple película que
idealiza amor y desamor.
Porque la rutina y el tedio
ganan terreno frente a la
Apto. correos 80, 28680 San Martín de Valdeiglesias (Madrid)
sierraoestedesarrollosostenible@nodo50.org
capacidad para sorprender y el entusiasmo. La
máxima felicidad no perdura sin abrir siquiera
una pequeña vía a algún grado más bajo.
Hoy, nuestro personaje se encuentra en la Sierra
Oeste contrariado, pero no tanto. Ella no entendió
que alcanzado el cenit de la felicidad todo
lo que sigue es una terrible pendiente que nos
llevará hasta lo más profundo del valle. Y no se
suicidó. Sigue regentando la peluquería, pero él
nunca está presente. Claro que tampoco se
pregunta en qué ha fallado. No llega a tanto.
No ha encontrado refugio en ninguno de los sitios
comunes. Ni fútbol, ni sexo, ni trabajo, ni
tampoco el mundo del motor, ni ninguna otra
afición confesable. Ya no le interesan los cortes
de pelo, sólo los ladrillos. Ha accedido a esa
parcela reservada a unos pocos, esa parcela
tan erótica que es el poder, y que raras veces
va sola, siempre de la mano del dinero.
Amasa, compra, mira planos, hace lotes, insta,
dirige, aparenta, habla a medias en cuartos
cerrados, manipula, finge, proyecta, dicta,
llama a teléfonos accesibles sólo a unos pocos,
recomienda, entrega sobres, promete,
regala coches, convoca a los medios de comunicación,
tergiversa, incumple la legalidad,
escribe, amenaza, advierte, ordena...
Sí, le has reconocido. Constructor y concejal.
No es ilegal.
¿Le preguntamos al fiscal?
Sierra Oeste desarrollo S.O.S.tenible
El marido de la peluquera
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